30/12/2011
-Bueno, no voy por ahí declamando versos homéricos. Yo me remito a la definición de rapsodia' que da el diccionario de Oxford: “Entusiasta y extravagante declamación o composición de tono elevado, emocional e irregular pieza musical”.
-Así fue, encerrado en mi casa, mientras en Barcelona caía una lluvia insistente que aconsejaba no salir a la calle. La lluvia fue esta vez una gran aliada del poema, sobre todo para sostener su continuidad.
-No, porque no he cambiado ni un solo verso completo. Lo único que cambiaba eran palabras concretas, y a veces ni eso: sólo su orden. Y corregí algunos errores y repeticiones. Nada más.
-Sí, porque nos permite salvar el cerco del ser individual y nos pone en contacto con la otredad. Los amantes se reflejan el uno al otro. Ocurre lo mismo con los poemas. Yo me reflejo en mis poemas y ellos se reflejan en mí.
-El poema se cumple a expensas de quien lo escribe. La poesía es algo que está muy por encima de los poetas. Cuando cualquier experiencia se traslada a un poema, ésta se objetiviza y asciende a otro nivel, separada de quien lo compuso. Ahí es cuando cobra vida propia la poesía.
-Siempre lo he intentado. Es a lo que debe aspirar todo artista, no sólo los poetas. Un ejemplo perfecto es las Meninas de Velázquez, donde se consigue el efecto de la máxima impersonalización a la vez que el de la máxima profundidad.