26/12/2011
Los autores asturianos no se ponen de acuerdo en la polémica abierta por Lucía Etxebarria, que deja de escribir por la sangría de las descargas ilegales
La escritora Lucía Etxebarría encendió la mecha de la polémica el pasado domingo cuando usó su muro en la red social Facebook para volcar sus lamentaciones y anunciar que dejaba de escribir. La causa: «Dado que he comprobado hoy que se han descargado más copias ilegales de mi novela («El contenido del silencio») que copias han sido compradas, anuncio oficialmente que no voy a volver a publicar libros en una temporada muy larga». Y añadió: «En teoría yo me recibo entre 2 y 2,9 euros por copia. Pero hay que descontar agente, Hacienda y gestor. En bolsillo me llevo muchísimo menos, a veces un 5%, a veces menos. En papel me llevo el 10% por libro vendido. En breve no voy a poder vivir de mis libros, así que tendré que incrementar las colaboraciones en medios o ponerme a trabajar en lo que sea si es que quiero pagar la comunidad de mi casa, el colegio de mi hija y esas cosas».
La reacción no se hizo esperar: un aluvión de comentarios tanto en Facebook como en Twitter que, en su mayoría, eran críticos hacia la postura de la escritora, cuando no insultantes o abiertamente hostiles. Tanto que Etxebarría, días después, se mostraba compungida e, incluso, asustada porque por «un comentario normal y corriente» recibió «insultos, amenazas y descalificaciones que son muy duros de llevar».
¿Y qué opinan los escritores asturianos de una situación a la que la industria del disco y el cine están fatalmente acostumbradas? ¿Cómo se posicionan ante el abordaje de la piratería en el mundo editorial, hasta ahora escaso pero que pronto será masivo con la implantación progresiva del libro electrónico?
Fernando Beltrán introduce un matiz por la parte lírica que le toca: «El caso de los poetas es muy especial. Piratear poesía significaría leerla. Ser leídos, por tanto. Y nuestras cifras de ventas son tan parcas, que no estamos para perder un solo lector, bucanero o no. Pero los editores, evidentemente, no pensarán lo mismo. Y tienen razón. Como la tienen los cantantes, los novelistas y los directores de cine. Toda la razón. ¡Pero los poetas?!».
Carmen Gómez Ojea reparte mandobles: «Hay piratería en el mar y en la tierra. Los libros son objeto de piratas que se los descargan, cosa que personalmente me parece muy bien cuando son para leerlos no para traficar con ellos y obtener lucro, quizá porque tenga yo un sentido particular de lo que significa la literatura y la propiedad privada. Pero los verdaderos piratas de libros son esos editores que mienten en cuanto a las tiradas y a las ventas. Respecto de Etxebarría me resulta fantástico que alguien descargue sus cosas, la verdad, tan fabuloso como que a alguien le interese bajarse los cosos de Ramoncín».
Pedro de Silva no ha seguido la polémica de Etxebarría «y sobre la piratería no tengo criterio, mucho menos aún sobre la literaria. De todas formas el que se mete en el mundo del ciberespacio (algo que es voluntario), y deposita su cartera de letras en la jungla, ya sabe que está expuesto al hurto. Ninguna compañía aseguraría ese riesgo, ni hay comisaría que tramite la denuncia (creo), lo cual es la mejor prueba de la debilidad real del título».
Etiquetas: Fernando Beltrán, Carmen Gómez Ojea, Pedro de Silva, Xandru Fernández, Ana García-Siñeriz, Tom Fernández, Gonzalo Moure, Pepe Monteserín, Alejandro M. Gallo, Lucía Etxeberría

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