24/12/2011
Ha sido un buen año en lo profesional para Juan Marsé (Barcelona 1933): acaba de recibir esta misma semana el Premio de las Letras de la Comunidad de Madrid y su novela «Caligrafía de los sueños» ha sido juzgada de forma unánime por la crítica como una de las mejores de su extraordinario catálogo. En el despacho de su casa de Barcelona, Marsé habla de literatura y de esos héroes derrotados que pueblan sus novelas.
—Casi todo el mundo ha tenido motivo de queja en 2011. No es su caso a juzgar por premios y críticas muy positivas para su novela.
—Cuando acabo un libro no sé si estoy muy contento porque el resultado final siempre suele quedar por debajo de las expectativas que yo mismo había concebido. Lo entrego a mi agente cuando pienso que ya no lo puedo mejorar más pero soy consciente de la distancia existente entre el libro y el proyecto. Me considero escritor solo cuando escribo, así que, una vez terminada cada novela, soy alguien que camina por calle pensando si será capaz de escribir la próxima.
—¿Con su experiencia y sus éxitos?
—Me siento como si no hubiera aprendido nada, como si las soluciones que he hallado para los problemas del libro que ya está acabado no me sirvieran para el próximo. Por eso vivo en un estado de aprendizaje permanente.
—¿A estas alturas de su carrera le importan más los premios, las buenas críticas o la satisfacción de una página bien escrita?
—Los premios tienen poco que ver con la literatura y bastante más con la promoción de la literatura y de la venta de libros. No me parece mal; si se hace promoción de los jabones por qué no se va a hacer de los libros. Pero la literatura va por otro lado. Los premios no hacen que un libro perdure. En cuanto a las críticas a mí no me afectan mucho. Me gusta un tipo de crítica que me enseñe algo sobre la obra, cosas que el autor no ve.