23/12/2011
A la abuela de Mauro Corona le habría gustado no ser tan buena profeta. "Reza, que la montaña se viene abajo y nos mata a todos", le dijo aquella noche a su nieto. Y, en efecto, el 9 de octubre de 1963 sucedió lo que los geólogos habían advertido. Cerca de las 11 de la noche, el monte Toc se derrumbó sobre el embalse del Vajont y se formó una monstruosa ola que barrió los pueblos del valle. "Cayeron 300 millones de metros cúbicos de roca. El ruido fue como el de 1.000 millones de aviones supersónicos. La gente huyó montaña arriba, como los ciervos", cuenta por teléfono este escritor italiano (Erto, 1950). Sin embargo, no todos pudieron escapar: para 2.000 personas aquella fue su última noche.
La vida y la posterior obra literaria de Corona quedaron marcadas por una catástrofe con coincidencias amargas: en el bar del pueblo de Longarone se habían juntado los jóvenes de la zona porque era el único lugar con televisión y se retransmitía un partido de la Copa de Europa del Real Madrid. El agua los sepultó. Los lugareños que sobrevivieron fueron trasladados a pueblos construidos valle arriba. Mauro, un adolescente entonces, fue a parar a un reformatorio.