18/12/2011
A lo largo de los años, muchos escritores principiantes me han preguntado si deberían registrar sus manuscritos inéditos en el Registro de la Propiedad Intelectual. Yo siempre les contestaba que no hacía falta y que si publicaban el libro la editorial ya se encargaba de ello. Ahora me doy cuenta de que se lo decía no sólo con cierto fastidioso paternalismo, sino, sobre todo, con una inconsciencia pavorosa. Espero que nadie haya salido perjudicado por mi tonto consejo.
Y es que acabo de caerme del guindo, o, por decirlo de otro modo, he conocido un caso asombroso no ya de plagio, sino de parasitismo puro y duro, de robo descarado de una novela. Una historia increíble que demuestra que, en efecto, los ladrones de ideas ajenas son tan reales como los piratas somalíes, y encima están mucho más cerca de nosotros.
La cosa es como sigue: Sebastián García Hidalgo es un chico sevillano de 33 años. En 1999, mientras estudiaba magisterio musical, y con apenas 21 años, empezó a escribir una novela que por entonces se titulaba Estereosexual, una tierna y emocionada historia sobre un amor adolescente entre dos chicos que al final tienen que separarse. Sebastián terminó el libro en 2001 y lo inscribió, con clarividente prudencia, en el Registro de la Propiedad Intelectual de Sevilla. Después colgó su texto en yoescribo.com, una página en la que los autores noveles ponen sus obras y la gente puede descargárselas. Pasó el tiempo y, en 2005
Etiquetas: Rosa monetro, Sebastián García Hidalgo, ira, David García Llera

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