23/10/2011
Si a los litigios entre herederos, la desatención, los problemas de conservación del papel y las fotografías, los desencuentros políticos, las riñas intelectuales y la obsesión por hacer caja antes que difundir una obra hay que añadir los estragos de la crisis económica, los legados de escritores y artistas atraviesan tiempos de tormenta. El triste episodio con el que se cierran los fastos del año Miguel Hernández apuntan en una dirección dramática: el Ayuntamiento de Elche no puede comprometerse con el acuerdo económico de tres millones de euros en 20 años por la herencia del poeta. La crisis avisa y azota ya. Ni el arte queda a salvo. No es ni será el único caso que se presenta.