06/10/2011
Muchos pensamos que la Literatura es sobre todo forma. Pero sea forma o contenido, o una alquimia entre ambas, la Literatura no existiría si no hubiera soportes ni instrumentos para grabar los caracteres que la conforman. Si acaso, existiría únicamente la literatura oral.
Gracias al primer escritor que talló en la piedra un ideograma. Gracias a los que descubrieron que podían transmitir ideas tallándolas en bambú; a quienes con el estilo grababan sobre arcilla; a los que se les ocurrió escribir sobre seda, sobre huesos, sobre bronce, sobre hojas de palma seca; a los que tatuaban su propio cuerpo para transmitir un concepto, un nombre; a los fabricantes de papiros; a los descubridores de las primeras tintas; a quienes desarrollaron el cálamo y biselaron la pluma de ciertas aves; a Ts`ai Lun, quien al parecer inventó el papel en el año 105 DC, en China; a los creadores del pergamino; a los copistas; a Gutenberg; a los inventores de la máquina de escribir; a los inventores del ordenador… y gracias a ti, Steve Jobs.
Al parecer, tú no has inventado nada. Te has limitado a hacerte repulsivamente rico, a trabajar como un titán, pero también a facilitar procesos, que a su vez nos han facilitado la vida en muchos aspectos, incluso en el ámbito de la escritura.
Podemos utilizar tus plumas de ave (tus ratones); ver cómo se van materializando nuestras ideas sobre tus pergaminos (tus maravillosas pantallas); conservar nuestras palabras en las mágicas grutas que existen en lo que primero fueron ideas tuyas y después diminutos pero gigantescos almacenes de código; podemos escribir, para que nuestra frágil memoria no las pierda para siempre, en cualquier sitio e instante gracias a tus inventos, como el Iphone.
Gracias a todo eso, a ti y a los que te precedieron, escribir resulta ahora más fácil, y es más directa la relación del escritor con el resultado, más pura la conexión de la idea con la letra, más transparente el delgado filtro que necesitamos atravesar los escritores para pasar de la realidad al otro mundo, ese lugar donde se escribe.
Yo entiendo que te debo algo, tanto como a todos tus precursores, desde el que utilizó sangre de mamut para hacer un dibujo en una cueva hasta los que fueron tus competidores en la actualidad, e incluso enemigos en la vida. Aunque solo hubieras deseado ser rico y poderoso, que lo dudo, perteneces a la raza de los grandes, Steve.
Gracias. Me entristece que te hayas ido. Y te confieso algo: contigo se ha ido también algo de mí.
Ángel García Roldán
Etiquetas: Ángel García Roldán, escritores, Steve jobs

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