25/09/2011
Sufrí la obsesión por publicar hasta alrededor de los veinticinco años: quería ver mi primer libro impreso como fuera (bueno, como fuera no: ganando un concurso importante, o en el catálogo de alguna editorial prestigiosa). Quería publicar incluso antes de escribir, o antes de haber escrito una cantidad suficiente de cuentos para armar un libro, y si hoy me preguntan, todavía no sé bien por qué es que quería hacerlo.
Por suerte fue una enfermedad que se me pasó rápido (además era muy ambicioso, y cuando descubrí que a esa edad ya no había escrito ninguna obra maestra a la altura de Rimbaud o Capote, esos adolescentes precoces, me quité la presión de encima)